Pero ese viaje fue mucho más que el cuadro de Frida, porque hicimos el viaje en coche, y ahí estaba yo de copiloto, cuando le pregunté a mi tía si tenía algo de música. Ella sincera me dijo, que no creía que tubiera nada que me gustara (repito, tenía 12 años), pero yo indagué y encontré un cassette, de quien y de Chavela Vargas. Ai, Chavelita, así te conocí, de la mano de mi tía, en contexto y razón de Frida. No, no podía ser de otra manera.
Me acuerdo de su desgarrada voz, y me acuerdo de Macorina, sí, de ponme la mano aquí Macorina, pone la mano aquí.
Así que mi pasión por Chavela, fue sincero desde el principio. Chavela fue amor para mí, amor puro y doloroso, pero amor de cualquier manera. Hace poco leí un reportaje de su 90 cumpleaños. Y quien diga que la cabeza no le da, que lo lea. La lucidez, dureza, recuerdos y amor de esta gran mujer parece que nunca se apaga.
Y más tarde llega a mi vida, Concha Buika. Y Concha, Concha crea en mí amor, amor y más amor. A Concha Buika la quiero, con solo oirla, con solo verla, con solo escucharla hablar.
Pero nada es casual. Igual que a Chavela la quise, por ese momento, porque la conocí en aquel viaje tan especial, a Buika también la conocí en una situación especial. A Buika la conocí hará un año. Hace más o menos un año, una noche, me acosté con una mujer. Y aquella mañana, cuando desperté con esa mujer mi cabeza tarareaba "No habrá nadie en el mundo" de Buika.
Y en ese momento, como quien sin prisas asume que así será, algo me dijo, que no sería la última vez que me despertaría con esa mujer. Y un año después, cada mañana sigo teniendo la misma sensación.
Para mí Buika es, esa mujer, y esa mujer eres tú; para mí Buika son noches interminables al son de sus letras, para mí Buika es y será siempre tu cuerpo desnudo, los besos en la nuca, orgasmos desgarrados y el cigarro en la mesilla. Para mí Buika será siempre un mensaje que dice: "cuando tu vuelvas niña, te como a besos"; eres por Buika "my little freaky girl". Buika me cuenta mi historia, Buika me cuenta nuestra historia, y en cada momento, cada situación nuestra, Buika tiene una canción. Explica siempre lo que pasa, y siempre tiene una canción de consuelo, una de dolor y otra de tranquilidad y alegría.
Sus canciones me golpean en la cara y recuerdo lo que te quiero, y también me recuerda lo que es el dolor. Me cuenta que la vida no es algo costante, y que no podemos escapar de ella. Siempre habrá algo que nos haga escuchar y cantar algunas canciones, pero que todo se acaba.
Ahora, en homenaje a Chavela, saca su último disco "El último trago", justo cuando más la necesitaba, justo cuando más la necesitamos, para que nos explique, junto al espíritu de Chavela, qué pasa ahora en nuestras vidas.
Las lágrimas me acechan escribiendo este post, porque estas voces, estas letras y estas mujeres, me aferran más si cabe a mi historia, a nuestra historia, que siempre, aunque cante y cuente las más amargas noches, es bella, y solo me hace sentir más amor. El más sincero y desgarrado. Como Concha, como Chavela, y como no, como tú.
Porque Buika eres tú, Buika soy yo, y Buika hace de nosotras lo que somos. Hoy soy muchas canciones, hoy me creo ver y ser en muchas canciones, entre ellas "Las simples cosas" o "Sombras", pero elegiré esta otra, porque ya es otoño, como hace un año, y porque dice así:
Somos en nuestra quimera
doliente y querida
dos hojas que el viento
juntó en el otoño.







